Cómo repartir las fiestas de diciembre entre dos casas

Diciembre concentra más fechas cargadas de significado que todo el resto del año junto: posadas, el 24, el 25, el 31, el 1 y el 6 de enero. Por eso es el periodo que más conviene dejar resuelto con anticipación, y el que menos aguanta improvisarse.

Alternar por año

La más usada y la más fácil de sostener en el tiempo: un año la Nochebuena es en una casa y el Año Nuevo en la otra, y al año siguiente se invierte.

Funciona porque es predecible —cada quien sabe con doce meses de anticipación dónde va a pasar la Navidad— y porque a lo largo de la infancia se empareja solo. Su desventaja es evidente: un año completo sin una de las dos fechas.

Partir el día

El 24 se cena en una casa y el 25 se amanece en la otra. El corte suele quedar a media mañana del 25, después de abrir los regalos.

Permite que nadie se pierda la fecha, pero implica un traslado en un día de mucho movimiento. Funciona bien cuando las casas están cerca y bastante mal cuando hay carretera de por medio.

Partir la temporada

Toda la primera mitad de las vacaciones en una casa y la segunda en la otra, con el corte alrededor del 27 o el 28. Cada quien tiene un bloque largo y solo hay una entrega en toda la temporada.

Es el que menos traslados genera. A cambio, uno de los dos se queda con Navidad y el otro con Año Nuevo, así que casi siempre se combina con alternar por año.

No olviden el 6 de enero

Reyes se pasa por alto con frecuencia porque cae cuando la temporada ya se siente terminada, y termina resolviéndose a las prisas.

Si en su casa es una fecha importante, conviene tratarla como una más de la lista y decidirla junto con las otras: quién amanece con los niños el 6, y si los regalos se abren en una casa o en las dos.

Cierren diciembre en octubre

La conversación es mucho más sencilla cuando falta tiempo. En noviembre ya hay planes hechos, boletos comprados y expectativas de la familia extendida de por medio.

En KidsCal esas fechas se pintan sobre el calendario del año con anticipación, y como las dos personas ven exactamente lo mismo, en diciembre no hay nada que recordar ni que reinterpretar.

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